"1681. Ciudad de México: Juana a los treinta Después de rezar los maitines y los laudes, pone a bailar un trompo en la harina y estudia los círculos que el trompo dibuja. Investiga el agua y la luz, el aire y las cosas. ¿Por qué el huevo se une en el aceite hirviente y se despedaza en el almibar?. en el triángulo de alfíleres busca el anillo de Salomón. Con un ojo pegado al telescopio caza estrellas.
La han amenazado con la Inquisición y le han prohibido abrir los libros, pero Sor Juana Inés de la Cruz estudia en las cosas que Dios crió, sirviéndose ellas de letras y de libro toda esta máquina universal.
Entre el amor divino y el humano, entre los quince misterios del Rosario que le cuelga del cuello y los enigmas del mundo, se debate Sor Juana; y muchas noches pasa en blanco, orando, escribiendo, cuando comienza en sus adentros la guerra inacabable entre la pasión y la razón. Al cabo de cada batalla, la primera luz del día entra en su celda y del convento de las jerónimas y a Sor Juana le ayuda recordar lo que dijo Lupercio Leonardo, aquello que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Ella crea poemas en la mesa y en la cocina hojaldres; letras y delicias para regalar, músicas del arpa de David sanando a Saúl y sanando también a David, alegrías del alma y de la boca condenadas por los abogados del dolor.
- Sólo el sufrimiento te hará digna de Dios- le dice el confesor, y le ordena quemar lo que escribe, ignorar lo que sabe y no ver lo que mira." Eduardo Galeano
Esta monja moderna y transgresora, en un espacio y un tiempo que no le pertenecen. Saber y creer, no cuestionante, sino sólo aprovechar la magia de los libros, de la ciencia y la razón para afianzar su fe.
En eso se parece a una conversación sostenida hace poco. Yo creo en Dios cuando no puedo explicar las cosas. Fe de utilidad, como la modernidad misma, sólo lo útil es necesario para vivir. Lo utilitario también es efímero.
Sin embargo, para Sor Juana no había contradicción ninguna, mientras más sabía, más creía en la maravilla de la creación divina. Para ella, la ciencia y la razón no era más que el camino hacia la fe.
Fue incomprendida, rechazada.
Una mujer no debe estudiar, ni saber. Las mujeres en la Iglesia callen. Fue conminada a abandonarlo todo, obligada a dejar de saber y de pensar sólo por el hecho de ser monja, pero prioritariamente por el hecho de ser mujer.
Cuántas Sor Juanas hay hoy en día?. Callar en la Iglesia y la institución, Gobierno, Estado o como se llame, en las normas y las leyes. Porque si queremos gobernar, saber o pensar debemos hacerlo como hombres. Si no, mejor callar.
Callar: receptividad, pasividad, sometimiento. Recibir un regalo, una caricia, recibir un dato cortés, una bofetada, una ida a dejar, una idea...
Pero volvamos a Sor Juana, la monja, la adelantada. Cuán difícil era, en los tiempos de la Colonia, ser mujer. El único espacio de liberación era el convento, la celda oscura y lóbrega era el mejor espacio para pensar, leer y estudiar. Si no estaba condenada a el matrimonio, (no siempre por amor), a cuidar a los hijos y al marido y en eso se le iba la vida que, por cierto, era muy corta. (Conciencia de aquello).
El pensamiento de Sor Juana es moderno, un discurso donde la razón prima. Esto es condenable, viniendo de una mujer/monja.
Estetismo, Feminismo, Sincretismo y Rebeldía, son los conceptos que mejor la definen. La belleza de sus escritos. Feminismo en la toma de conciencia del mundo opresor en el que vivía. Sincretismo en la conjunción de razón y fe y Rebeldía por sus largas disgresiones en torno a sus motivos de estudio y conocimiento, los que la llevaron incluso hasta rebelarse contra el Cardenal.
Mujer, monja, amante de la vida, que no dudó en pensar y conocer más allá de lo humanamente posible en aquel tiempo y espacio que le tocó vivir.
Hombres necios
Hombres necios que acusáis
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón
sin ver que sois la ocasión
de los mismo que culpáis.










