POR QUÉ ESCRIBO

La loca de la casa estimula mi imaginación: descobija, desmitifica, ensalza. Es un blog escrito y pensado para conjurar los demonios, pues la única manera de exorcizar mis daimons es enfrentarlos, encararlos, desenmascararlos. Los demonios o fantasmas, que si no los quitas de encima, como diría Cortázar, te arrebatarán el aire y son capaces de estrujarte y conducirte a la locura. Una contradicción aparente. Escribir es una manera de mostrar cordura. Sin embargo en esta mujer es la locura la que la conduce y la obliga a escribir.

viernes, 23 de mayo de 2008

Los hombres de mi vida

Vengo de una familia de mujeres. Me críe entre mujeres, tengo la friolera de una mamá, una abuela, 8 tías, 8 primas, etc. Con cada una de ellas tengo cosas de vida compartidas y aunque parezca raro, ninguna de ellas comparte mi visión de mundo, cambiante, enfermiza, pedante y algunas veces transgresora.
Sin embargo, han habido hombres, existen dos de ellos que me marcaron, me marcarán y creo que serán "for ever" parte de mi existencia.

El primero es mi abuelo, viejo lindo y sabio.

Lo tuve conmigo hasta los 8 años de vida, lo creí olvidado, pero producto de mis terapias apareció en gloria y majestad en mi memoria. Nunca pensé que su estampa, su impronta dejarían una semilla en mí. Los años de primera infancia estuvieron llenos de él, era mi compañero, mi partner, mi amigo. Me escuchaba, me hacía unas ricas tostadas con mantequilla, me regalaba cariño, me observaba jugar con mis amiguitas y amiguitos, me cuidaba, me llevaba a los doctores. Se abrumaba porque, según dicen no sabía mudarme. No sé si aprendió a hacerlo, pero allí estaba.
Me iba a buscar al colegio, me hacía escuchar tangos y no era porque yo quisiera, si no porque él me decía que sólo podía ver monitos después de su programa radial de tangos y yo tenía que esperar pacientemente que se terminara el dichoso programa para poder prender la tele. En ese tiempo lo encontraba atroz de peor y hoy adoro el tango.

Mi abuelo tuvo una historia de vida impresionante, fue analfabeto durante mucho tiempo, un día le pidió a una profesora que le enseñara a leer y de allí no paró más. Toda su cultura, que era extensa, fue autodidacta.
Nació con el siglo XX, en 1900, en el sur en un pueblito cerca de Constitución llamado Maromilla, comunidad rural y pobre, muy pobre. En busca de mejor vida se trasladó a trabajar al norte. Sí, trabajó en las salitreras allí conoció la dureza de ser pobre, sin educación y ser explotado. Conoció la historia del norte de nuestro país a principios de siglo, pero obviamente le tocó vivir la peor parte, supo en forma directa de la Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique.
Allí fue naciendo y creciendo, junto con él, la conciencia social, el darse cuenta de la injusticia, de la soledad a la que se veía confinado el obrero, explotado. Se hizo comunista.

Era trabajador y padre de familia, tuvo junto a mi abuela 9 retoños. 8 mujeres y 1 hombre, de los cuales sólo sobrevivieron 6 mujeres. Supo del dolor de la pérdida. Amó a su mujer eternamente, pero la vida lo volvió a castigar y quedó viudo cerca de los cuarenta años. A esa edad tuvo que hacerse cargo de sus seis hijas. Debió trabajar todavía más. Se vino a la capital. Acá hizo de todo, trabajó en la construcción, en varias a la vez, de nochero, fue albañil, carpintero, constructor.

Nunca perdió su norte, siempre supo que sólo así podría sacar a su numerosa prole de la marginalidad y jugó. Con esfuerzo y dedicación logró que mis tías y mi madre tuvieran educación, por lo tanto oportunidades. Muchas veces pasaron hambre y frío. Pero él seguía luchando.

Fue el viejo más feliz del mundo cuando supo del triunfo del pueblo en manos de Salvador Allende, fue impresionante ver lágrimas de felicidad correr por sus mejillas curtidas por el sol, el viento, la dureza de ser pobre, cuando supo que, por primera vez, los que nunca tuvieron derecho como él, tendrían la oportunidad de tener un hombre en el poder que sabía de sus penas e injusticias y luchaba por sus derechos, que sabía de la explotación, y que estaba dispuesto a que de una vez por todas eso cambiara.

Mi abuelo, luchó siempre, fue de esos imprescindibles. Y a pesar de su rudeza, de su poca instrucción, tuvo tiempo y espacio para su llevar a delante su familia, conocer a sus nietos/as, entre los que me cuento y más aún darles ternura, cariño, compañía, acogerlos, contenerlos.

Todas mis penitas de pequeña, todos mis juegos de niña, todas mis comidas (porque aprendió a cocinar), todos los cuidados amorosos que necesita una persona, vinieron en gran medida de él.

En fin podría hablar muchas cosas más de José, no quiero hacerlo más acá, es parte de mi tesoro escondido. Sólo puedo decir que lo que soy, la esencia de mi conciencia social, la creencia de un que otro mundo es posible, se lo debo a mi abuelo. Tata José.










El otro hombre de mi vida, hoy por hoy es mi hombrecito. Ayer estuvo de cumpleaños, cumplió 11 años. Si claro, mi hijo, precioso y adorado. Como ya lo he dicho muchas veces mi SALVADOR (otra vez el nombre).

Mi demandante, mi cable a tierra, mi felicidad más absoluta, mi orgullo.

Salvador es grande, será grande, será como su bisabuelo. Será sabio, contenedor y por sobre todo un luchador, amante de su familia y de su pueblo.

Amo a dos hombres y ellos no pasarán en vano, dejarón, dejarán una huella indeleble en la Loca, no para sea menos loca pero sí para ser la loca amadora más cuerda que hay.



Y el hombre que trasunta, su presencia/ausencia. Salvador también.

martes, 6 de mayo de 2008

VIDA

Un regalo precioso : Ibrahim Ferrer y Omara Portuondo - Silencio



Canta a lo sentimental



Es impresionante que una pueda "disfrutar esto".