(No sé por qué no me está resultando el tema de las imágenes)
Aquello que nos duele nos trastoca la vida, nos obsesiona, se cuela en cada rincón de nuestras conciencias y de nuestro cuerpo. Cuando estamos heridos, vemos todo a través de esa grieta y a veces caemos en ella incapaces de ver la luz. En el camino, el dolor va dejando marcas y éstas se vuelven parte de nuestro ser, de nuestra singularidad nos pertenecen.
Pero las heridas no sólo nos individualizan, sino que paradójicamente también nos igualan. Nuestra vulnerabilidad también nos recuerda que somos como el resto de los seres humanos. Todos en algún momento de nuestra vida sufrimos. Sufrir, entre otras experiencias, nos permite entender al otro.
Pero las heridas no sólo nos individualizan, sino que paradójicamente también nos igualan. Nuestra vulnerabilidad también nos recuerda que somos como el resto de los seres humanos. Todos en algún momento de nuestra vida sufrimos. Sufrir, entre otras experiencias, nos permite entender al otro.
Es difícil acercarse a aquellas personas que aparentan o presumen vivir en un mundo feliz, que no tienen fracturas, que todo creen saberlo o dominarlo, que jamás dudan ni caen, que parecen siempre levitar a unos cuantos centímetros sobre el nivel de la tierra donde todos vivimos. Pero además de ser inaccesibles, estas personas provocan desconfianza. Porque sabemos que están mintiendo. A sí mismos o a nosotros.
¿Por qué es tan difícil enseñar las heridas?
¿Por qué es tan difícil enseñar las heridas?
Conozco a varios de esta estirpe...
Existe un invisible ser cultural, que con sus normas no escritas, no menciona que el costo es la soledad, el costo de tener que encerrarnos bajo cuatro paredes cuando nos arrasa la pena es fuerte. Porque de salir, corremos el riesgo de ser tildados de neuróticos, depresivos, de histéricos, todos aquellos términos freudianos que usamos a destajo para señalar a quienquiera que ande por la vida siguiendo aquellas normas no escritas. Hay que andar con las heridas bien ocultas y una sonrisa en los labios. El costo de la imposibilitada invulnerabilidad es, además, tener que conformarnos con relaciones superficiales.
Y lo peor es que el culpable de todo esto somos nosotros mismos, porque nos juzgamos con dureza, por miedo. Le tememos al dolor del porque nos acerca al nuestro, que es el mismo. Hacemos enormes esfuerzos por ocultarlo y no queremos que nadie nos lo recuerde. Y en ese círculo vivimos atrapados, aislados en nuestras estrechas islas, con la cortina baja, para así poder, en silencio, echar un par de lagrimones, cuando ya cansados de sostener la sonrisa, algo adentro nos dice que ha llegado el momento de llorar.
Transigir, reconocer que a veces estamos desorientados, enseñar las heridas, no sólo no hace más fuertes, sino que también más humanos.
Existe un invisible ser cultural, que con sus normas no escritas, no menciona que el costo es la soledad, el costo de tener que encerrarnos bajo cuatro paredes cuando nos arrasa la pena es fuerte. Porque de salir, corremos el riesgo de ser tildados de neuróticos, depresivos, de histéricos, todos aquellos términos freudianos que usamos a destajo para señalar a quienquiera que ande por la vida siguiendo aquellas normas no escritas. Hay que andar con las heridas bien ocultas y una sonrisa en los labios. El costo de la imposibilitada invulnerabilidad es, además, tener que conformarnos con relaciones superficiales.
Y lo peor es que el culpable de todo esto somos nosotros mismos, porque nos juzgamos con dureza, por miedo. Le tememos al dolor del porque nos acerca al nuestro, que es el mismo. Hacemos enormes esfuerzos por ocultarlo y no queremos que nadie nos lo recuerde. Y en ese círculo vivimos atrapados, aislados en nuestras estrechas islas, con la cortina baja, para así poder, en silencio, echar un par de lagrimones, cuando ya cansados de sostener la sonrisa, algo adentro nos dice que ha llegado el momento de llorar.
Transigir, reconocer que a veces estamos desorientados, enseñar las heridas, no sólo no hace más fuertes, sino que también más humanos.
¿Quien es realmente humano y es capaz de reconocer sus dolores?. Sé que este post es muy desmoralizador, puede ser que surga de un estado melancólico¡ Pero nadie puede dejar de reconocer que aquel estado también es parte de nuestra vida!
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Mi querida Mafi, viva su dolor a concho, si quiere la acompaño al forestal a gritar como una tegua, me hace falta por estos dias......
ResponderBorrarde verdad vive tus dolores, cada uno tiene sus formas, yo soy una de esas que esconde su pena, me la vivo sola, cuando se me pasa la cuento.... yo tambien te he extrañado......
un abrazo, con mucha pena, pero tambien con mucha fuerza.....