Todo partió el sábado recién pasado: un casamiento, un pueblo de una región de Chile, una iglesia, un cura, una novia, un novio, padrinos, padres, familia, invitados, etc.Como toda ceremonia, ritos y protocolo. Discursos… claro discursos: esencial el del cura, que como bien sabemos en un pueblo el cura y el alcalde son autoridades, son el poder, son personajes que importan en la convivencia civil y respetable. (Léase Giovanni Guareschi, Don Camilo).
¿Qué dice un cura de pueblo en un matrimonio de pueblo? ¿Cuál es su discurso? Ese discurso al que todos adscriben y nadie duda de su supremacía. Ese discurso poderoso que está absolutamente entronizado en los habitantes de ese lugar, y que hasta el día de hoy permanecen como reductos inalterables donde el tiempo y el pensamiento de la post modernidad no llega. Asimismo podemos pensar que de una forma quizás más velada ese discurso permanece y ello por lo que a continuación mantengo.
Pienso en ese hombre recién casado al cual se le dijo: “tómala, llévala, ahora ella es tu esposa, tu mujer…” (sic.). Lo peor de todo es que ella y los que están allí aceptan este discurso, estas palabras que sin duda, tal como dice Foucault son lenguaje y por ende son poder. Nadie dudará de la validez de este discurso: se realizó en un rito, en lo sagrado, en las leyes de Dios. ¿Qué mujer, qué hombre, qué persona se atreverá a dudar de la validez de estas palabras enunciadas por la autoridad?.
Ahora bien si esto que aquel personaje se lleva, que posee, dictaminado por tal autoridad. Esta cosificación mujeril, llega a la simpleza de pensar que lo que está a su lado es de tal índole que se puede hacer cualquier cosa con ella. En suma, es un juguete, algo que es mío, me pertenece y por ende puedo hacer y decir lo que quiera con ella.
Tomemos la frase del tango “La maté porque era mía”. En ella se oculta la dominación masculina que, secularmente, se remite a los mitos de orígenes del Génesis y en él se legitima la sumisión de las mujeres. ¿Le da la razón el mito bíblico cuando dice Dios a la mujer transgresora (según la traducción habitual)… y él te dominará (Gn 3,16 )? La exégesis feminista ha dado cumplida cuenta de que no es así, pero no deja de sorprender la pervivencia multisecular de la ideología que se ha servido de la tergiversación del mito.
En una hermosa canción de Schubert, “La muerte y la doncella”, una mujer joven solicita al espectro que le tiende la mano que la deje ir, que no se le acerque porque ella considera que no ha llegado el momento, que le queda mucha vida por delante. En esta cantata para bajo y soprano la muerte se presenta como un redentor y no como un destructor de la vida y de la felicidad. Ella (la mujer) ha sido y es víctima del terrorismo doméstico. Su muerte, como la de tantas otras, se ha convertido ya en un nuevo dato frío para la estadística de las causas y de los fatales efectos de las relaciones de pareja en las que del amor se pasa al desamor, al maltrato y a la agresión definitiva que acaba con la vida de una persona. Esa manera de morir ha dejado de ser noticia. Sólo es un instante de conmoción personal. Como cuando escuchamos las cifras habituales de los accidentes de tráfico. Se ha convertido en hábito, en lúgubre y triste hábito, la muerte de una mujer y, ocasionalmente, la de algún hombre, a manos de sus parejas.
Son muchas las mujeres que viven en compañía de animales que las tratan como una posesión, como un objeto circunstancial de su vida para uso y abuso a conveniencia del amo y señor de su cuerpo, de sus actos, de su mirada, de su libertad personal e intransferible. Como en la letra de un viejo tango argentino hay hombres que se justifican después del asesinato de su pareja con esta frase irracional: “la maté porque era mía”. Es esta idea de la posesión fundamento de maltratadores, de violadores, de ciertas mentes criminales. Tal idea conduce a la obsesión de aniquilar la armonía que es el cuerpo de una mujer de cuyo vientre todos (incluso los asesinos) han nacido. El arquetipo del que ejecuta los actos del maltrato y de la muerte es lo de menos. Igual da que sea un obrero que un magistrado. A eso que llaman “violencia de género”, al que están expuesta todas las mujeres por el mero accidente de su condición biológica, puede llegar desde un adolescente indocumentado de la vida, a un anciano que está de vuelta de ella. Las causas, por lo general, son de contenido machista en el sentido de considerar a la mujer como un ser sin autonomía personal. Supongo que los psicólogos hilarán más fino, pero creo que esa es la idea básica que conduce a la violencia de género (maltrato físico y psíquico) y a su peor lacra, el terrorismo doméstico. En la calle uno escucha opiniones de lo más peregrino. Desde el que comenta en el bar que va sacarla de paseo (o al cine o lo que sea) como si fuera un perro, al que presume de que su mujer vota lo que él le dice. Estos son los principios más vulgares del machismo conceptual. Que asome ya el verdadero rostro de la violencia masculina es mérito de las que ya se atreven a contarlo, que no se conforman con el “si yo te dijera” sino que estando supeditadas, muchas, a la dependencia económica del hombre, han plantado cara a sus estados de humillación, a veces rayanos con el estado de esclavitud moral al que están sometidas.
La violencia de género ha pasado de las páginas de sucesos a ser un estado de opinión. De ser un drama oculto tras los velos del hogar al dilema de una sociedad que no defiende, como debiera, a tantas víctimas que están privadas de sus derechos fundamentales, desde el de la dignidad al de la propia vida. Sentencias machistas han intentado minimizar los estragos de las relaciones de pareja en algunos casos sonrojantes. Leyes políticas que se quedan en papel mojado por su ineficacia o su falta de aplicación ante un problema de tal magnitud como es la discriminación de la mujer en el salario, en la consideración de objeto de consumo sexual o de añagaza idiota para anuncios de la televisión. Son las propias mujeres las que han asumido la defensa de esos derechos de los que han sido privadas durante generaciones de silencio. Un silencio compartido, vergonzosamente, por una inmensa mayoría del género masculino al que debo pedirle solidaridad en esta lucha que es de todos y no sólo de la mujer.
La violencia contra la mujer no es sólo física, también está el abuso verbal, que puede causar tanto o más daño que el físico. Existe un abuso verbal que puede hacer morir a una persona en vida. Aquella puede estar muerta, pues duda de su esencia, de su ser. El abuso verbal es una forma de agresión que no deja huellas visibles. La víctima de este tipo de abuso vive en una región confusa: el agresor la lleva a dudar de su propia experiencia cada vez que desestima sus reclamos, le sugiere que su percepción de la realidad es equivocada, que sus sentimientos no son los correctos o que “no tiene sentido del humor”. El desmerecimiento sutil o las explosiones de ira, la indiferencia glacial o la prepotencia, el sarcasmo burlón o el reproche silenciosos, la coerción manipuladora o las exigencias irrazonables, forman parte de una experiencia cotidiana que se vive en la intimidad, sin testigos. La única medida del daño es la intensidad de la angustia que provoca”. (Patricia Evans).
Si el cura, tu entorno, tu sociedad aceptan y te dicen qué eres una cosa, objeto de propiedad y peor aún si tu no dudas de aquello y crees qué es verdad. El discurso y el lenguaje le hacen un flaco favor a las mujeres. Estamos una vez más ante el sexismo en lenguaje y si éste es el único medio para representar al mundo. Estamos las mujeres condenadas a cambiar las cosas… o estar vivas…
La violencia contra la mujer no es sólo física, también está el abuso verbal, que puede causar tanto o más daño que el físico. Existe un abuso verbal que puede hacer morir a una persona en vida. Aquella puede estar muerta, pues duda de su esencia, de su ser. El abuso verbal es una forma de agresión que no deja huellas visibles. La víctima de este tipo de abuso vive en una región confusa: el agresor la lleva a dudar de su propia experiencia cada vez que desestima sus reclamos, le sugiere que su percepción de la realidad es equivocada, que sus sentimientos no son los correctos o que “no tiene sentido del humor”. El desmerecimiento sutil o las explosiones de ira, la indiferencia glacial o la prepotencia, el sarcasmo burlón o el reproche silenciosos, la coerción manipuladora o las exigencias irrazonables, forman parte de una experiencia cotidiana que se vive en la intimidad, sin testigos. La única medida del daño es la intensidad de la angustia que provoca”. (Patricia Evans).
Si el cura, tu entorno, tu sociedad aceptan y te dicen qué eres una cosa, objeto de propiedad y peor aún si tu no dudas de aquello y crees qué es verdad. El discurso y el lenguaje le hacen un flaco favor a las mujeres. Estamos una vez más ante el sexismo en lenguaje y si éste es el único medio para representar al mundo. Estamos las mujeres condenadas a cambiar las cosas… o estar vivas…
mátame a besos...
ResponderBorrarAyy amiga linda... las conclusiones locas que sacas de un simple discurso de cura de pueblo!... y me asombra tu ingenuidad. De verdad crees que las mujeres (y los hombres)escuchan eso en serio??? Créeme que lo primero que se olvida es la parte protocolar del asunto. Todos recordarán la fiesta, el asado, la música, el traje de la novia, el vestido de fulanita, etecé, etecé... pero alguien DE VERDAD recordará las palabras del cura???... Te acuerdas tú de lo que dijo el párroco en su oportunidad??? o la persona del Registro Civil??? Nah! lo dudo.
ResponderBorrarClaro, estoy de acuerdo que el lenguaje es poderoso y transforma, pero hoy por hoy tanto hombres como mujeres cosifican a sus parejas y las anulan en porcentajes parecidos. Las mujeres ya no están tan pavas como antes y si creen o pretenden creer aquellas largas frases enquilosadas y anhosas, ya es un cuento personal.
Este fin de semana, precisamente, leía sobre la sexualización de las ninhas de entre 8 y 12 anhos... tú crees que esas "mujeres del siglo 21" se dejarán cosificar en el futuro??? Yo lo dudo.
Ahora, claro, hay reacciones que dependen más que del género, de la autoestima. Claramente, una baja autoestima gatillará y potenciará comportamientos "cosísticos"... Y tal como tú bien citas, "you need two to tango"... Tiene que haber dos para bailar el tango: Uno que abusa y otro que permite ser abusado. De hecho, hoy por hoy, ha aumentado notablemente el porcentaje de denuncia de hombres por acoso y maltrato por parte de sus esposas, parejas o convivientes.
Amiga preciosa, los tiempos ya han cambiado y lo único que me queda decirles a esas mujeres que permiten que las "posean" más allá del placer sexual, es:
SACUDANSE LA ESCLAVITUD DE UNA BUENA VEZ!!! POR FAVORRRR!!!
Buen tema... a lo mejor escribo réplica...
Un besito y disculpa el abandono. Poco tiempo y muchas responsabilidades (y un trabajo "posesivo y cosificante" jajajja..) son los culpables.
Ya volveré... el afecto sincero, permanece intacto!
Besos,
Icy
jajajajja mi querida mafi, no imaginaria otro comentario de tu parte, jejjejejeje
ResponderBorrarquerer o no querer por ahi va el cuento parece
un abrazo, ya nos estamos viendo por ahi....
Ud es una mujer que me desconcierta a veces y modestamente, son contadas con los dedos de una mano y sobran, las féminas que pueden lograrlo
ResponderBorrarNo puedo entender ese feminismo ya tan trasnochado, medio lio por unas palabras de un cura, las que todos han olvidado desde el momento en que salen de la iglesia y después con el calor de la fiesta se les olvida eternamente
Qué es lo que le ocurre dama? Tuvo mala suerte y fue maltratada o considerada un objeto?
Sabe, yo creo, aúnque se enoje, que su fracaso la marcó a fuego y todos sus comentarios en el fondo son parte de la coraza que Ud se ha puesto ante el temor de reincider y tener un nuevo fracaso
Si es asi, olvídese, eche sus temores a la espalda y ábrale su corazón al amor, si vive pensando en fracasos, va a arruinar su vida y su feminismo será cada día más ácido, amargo y esa amargura se le transmitirá.
Lo siento, es lo que pienso a través de haber leido su blog desde hace tiempo.
Estimado hunter. Para mi es un halago desconcertalo. Realmente me hace feliz...Respecto de mi "feminismo trasnochado", sólo puedo decirle que no es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Cariños.
ResponderBorrarSi, de verdad considerelo un halago y sea feliz, porque se me olvidó agregar que sobran 4 dedos jajaj ajajaja.
ResponderBorrarNo voy a pedir lo de Rafa, así que solo muchos cariños jajajajaja.