
La loca de la casa
Fue Teresa de Jesús -allá por 1540- quien primeramente usó la expresión “la loca de la casa” para referirse a la imaginación.
Yo no puedo entender la vida sin imaginación. Ella es la única capaz de sacarme de aquí y llevarme donde quiero y necesito estar, puesto que todos los días me surgen preguntas que me acosan y me amenazan. De allí que la imaginación sea para mí un rasgo de alivio, una piel de anhelo a la ansiedad, una partícula de agua a la sed.
Hoy se me hace necesario homenajear a la loca de mi casa poética (mi cuerpo), y a la loca de mi hogar, todos los días salvada gracias la imaginación. Además, porque hoy, al calor del fuego de esta casa mía siento que solo la imaginación y el poder de la realidad han hecho posible este milagro sin santos. Mi existencia.
“El universo de la imaginación posee la extraordinaria cualidad de no poder medirse ni ubicarse según la física u otra ciencia alguna, ni atentar a la libertad con trazos de mapas y fronteras, países o regiones. El universo de la imaginación existe en su innombrable totalidad como motor indeterminado, y existe como facultad individual que tanto controla como descontrola el alma y el espíritu. Ella dirige, intercambia y logra que la mujer que existe en mi aparezca en el universo del asombro, cuestión que le da sentido a la vida.
Sin imaginación no habrían sido posibles filósofos como Hume, tengo entendido, y sin imaginación Nietzsche no habría alcanzado la visión que le llevó a proclamar la muerte de Dios. Sin imaginación el mismo Dios tampoco habría llegado a hacérsenos concebible, y por eso resulta paradójico que una mística como Santa Teresa se refiera a ella con tono un tanto despectivo como “la loca de la casa”. Es decir, como ese instrumento peligroso que habiéndonos dado lo mejor, podría quitárnoslo y no sólo quitárnoslo, sino quitarnos de paso la vida, porque no sabríamos vivir sin ello. Podríamos decir incluso de Dios lo que a Dios le atribuimos normalmente: la imaginación nos lo dio y la imaginación nos lo quitó, por lo tanto la vida imaginaria es tan real como la vida real.”
En literatura la loca de la casa surge en obras de Lorca o J. Eyre. La loca está escondida pero aparece de vez en cuando para hacernos sentir que existimos no sólo de reglas y máscaras, sino que cada uno de nosotros/as lleva una parte oculta donde sus sueños, desamores, pasiones fantasías fluyen y confluyen.
Habitualmente leo y doy permiso a esta loca, para que aparezca, (bueno no tanto como quisiera), pero aparece y me sobrecoge, pues la loca me dice que puedo, que soy capaz, que mis sueños, fantasías anhelos, deseos, transgresiones son parte de mi existencia, y no debo sentir culpa por ello, sino más bien canalizarlos de la mejor forma posible.
Una vez leí: la siguiente frase: ser mujer no es ser madre. La loca de la casa dijo sí es verdad, a pesar de que soy madre. No pretendo ser más madre de lo que soy, no soy ni buena, ni mala madre, simplemente lo soy. Y no estoy dispuesta a ser madre de nadie más. Ni de mi pareja, ni de mi madre, ni de mis congéneres. No pretendo guiar, no pretendo enseñar, no pretendo formar. Sólo quiero vivir siendo mujer, humana y loca…
Fue Teresa de Jesús -allá por 1540- quien primeramente usó la expresión “la loca de la casa” para referirse a la imaginación.
Yo no puedo entender la vida sin imaginación. Ella es la única capaz de sacarme de aquí y llevarme donde quiero y necesito estar, puesto que todos los días me surgen preguntas que me acosan y me amenazan. De allí que la imaginación sea para mí un rasgo de alivio, una piel de anhelo a la ansiedad, una partícula de agua a la sed.
Hoy se me hace necesario homenajear a la loca de mi casa poética (mi cuerpo), y a la loca de mi hogar, todos los días salvada gracias la imaginación. Además, porque hoy, al calor del fuego de esta casa mía siento que solo la imaginación y el poder de la realidad han hecho posible este milagro sin santos. Mi existencia.
“El universo de la imaginación posee la extraordinaria cualidad de no poder medirse ni ubicarse según la física u otra ciencia alguna, ni atentar a la libertad con trazos de mapas y fronteras, países o regiones. El universo de la imaginación existe en su innombrable totalidad como motor indeterminado, y existe como facultad individual que tanto controla como descontrola el alma y el espíritu. Ella dirige, intercambia y logra que la mujer que existe en mi aparezca en el universo del asombro, cuestión que le da sentido a la vida.
Sin imaginación no habrían sido posibles filósofos como Hume, tengo entendido, y sin imaginación Nietzsche no habría alcanzado la visión que le llevó a proclamar la muerte de Dios. Sin imaginación el mismo Dios tampoco habría llegado a hacérsenos concebible, y por eso resulta paradójico que una mística como Santa Teresa se refiera a ella con tono un tanto despectivo como “la loca de la casa”. Es decir, como ese instrumento peligroso que habiéndonos dado lo mejor, podría quitárnoslo y no sólo quitárnoslo, sino quitarnos de paso la vida, porque no sabríamos vivir sin ello. Podríamos decir incluso de Dios lo que a Dios le atribuimos normalmente: la imaginación nos lo dio y la imaginación nos lo quitó, por lo tanto la vida imaginaria es tan real como la vida real.”
En literatura la loca de la casa surge en obras de Lorca o J. Eyre. La loca está escondida pero aparece de vez en cuando para hacernos sentir que existimos no sólo de reglas y máscaras, sino que cada uno de nosotros/as lleva una parte oculta donde sus sueños, desamores, pasiones fantasías fluyen y confluyen.
Habitualmente leo y doy permiso a esta loca, para que aparezca, (bueno no tanto como quisiera), pero aparece y me sobrecoge, pues la loca me dice que puedo, que soy capaz, que mis sueños, fantasías anhelos, deseos, transgresiones son parte de mi existencia, y no debo sentir culpa por ello, sino más bien canalizarlos de la mejor forma posible.
Una vez leí: la siguiente frase: ser mujer no es ser madre. La loca de la casa dijo sí es verdad, a pesar de que soy madre. No pretendo ser más madre de lo que soy, no soy ni buena, ni mala madre, simplemente lo soy. Y no estoy dispuesta a ser madre de nadie más. Ni de mi pareja, ni de mi madre, ni de mis congéneres. No pretendo guiar, no pretendo enseñar, no pretendo formar. Sólo quiero vivir siendo mujer, humana y loca…
Mi mente me estruja, me impide, me atrapa... y a veces me salva...
LAs Horas






