La señora Dalloway (Virginia Woolf) relata un día en la vida de una mujer de la clase alta londinense desde el punto de vista de una conciencia que experimenta con plena intensidad cada instante vivido, en el que se mezclan sentimientos, pensamientos y emociones y se condensan el pasado, el entorno y el presente.Para mí las horas son una etiqueta, un nombre dado a un espacio de tiempo.
"Mientras otros escribían sobre el tiempo, su historia, el origen de la clepsidra, el funcionamiento del reloj, el hallazgo del cuadrante solar, la invención del calendario o como fraccionarlo, organizarlo, etc. yo perdía el mío con voluptuosidad, vigilando celosamente para que nadie me robase la menor partícula. Mi cuerpo o mi fantasía me servían de reloj"
"A veces tenía ganas de crear, sin embargo la creación nunca se debe a una felicidad. Es el resultado de una carencia" y yo carezco de las horas, sólo tengo un tiempo y un espacio condensado en un cuerpo que se difuminará el día que muera. No tengo horas, no tengo días, no tengo años, tengo una permanencia reducida sólo a un cuerpo. No puedo crear, pues mis horas (temporales) se las entrego a la vida de los otros. Sin embargo mis horas corporales están en mi, aprisionadas en mi cuerpo, no salen, están, quedan, permanecen, están encerradas.
Estoy viviendo Una temporada con Lacan.
Experimentando en un instante el aleph de mi conciencia de estar en un mundo contradictorio y ajeno. Por lo tanto la temporada de mi existencia está sólo guiada por la carencia, por la angustia de un vacío que hay que llenar con un deseo cuyo goce se espera y con el fracaso de su logro. Lo cual equivale a decir que sólo puede nacer de una frustración, la falta de goce".
Mi tiempo al ser prisionero de mi cuerpo funciona a partir de una carencia, por eso creo, invento y sueño. Vivo un afán cada día, cada noche gano una batalla y para ganarla debo crear estrategias, logística, posiciones de combate, etc.
"Incluso saqué la conclusión de que, desde los comienzos de los tiempos, toda creación se contenía en los diez centímetros que separan la mano de un hombre de un culo de una mujer. El hombre arde en deseos de poner su mano sobre ese culo. Si lleva a término su ademán, si la mujer lo acepta, se encuentran en una cama y hacen el amor. Hay goce: nada se crea. Si no se atreve, enloquecido por la frustración vuelve a su casa solo, compone la novena sinfonía, pinta el Hombre del casco de oro, escribe la Divina Comedia o esculpe el Pensador"
Sin embargo cuando menos se goza, más se explica. Cuanto menos se comprende más se afirma. En este sentido los ensayos sobre la creación son tan chuscos como los estudio sobre el tiempo".
Es en definitiva el discurso que aparece y que nos aprisiona, nos encierra, nos conmina a explicar lo inexplicable.
Eros y tanatos vuelven a fundirse en un espacio corporal, donde no hay tiempo, ni espacio, solo carencia.






