
Hace tiempo que me vengo haciendo una pregunta ¿Cómo vivía yo hace 10 años atrás sin celular? Hoy reconozco que si salgo de mi casa sin el famoso adminículo me siento desprotegida, me cuestiono y no ha faltado las veces que me he devuelto a buscarlo. La cultura del celular… mmm
Voy en el metro, suena un celular, voy en la micro, suena un celular, voy en el colectivo y suena un celular, eso me hace partícipe sin querer y sin necesitarlo de la vida privada del que me rodea (sin contar que a su vez ellos son parte de la mía).
Al principio tener celular te daba estatus, sin duda pertenecías a una elite, hoy en cambio el que no tiene celular pertenece a la elite y pasa a ser casi un extraño, un ente como de otro mundo. Tengo un amigo que no tiene celular y realmente lo miro sorprendida y no puedo creer cómo va por la vida descaradamente sin celular…
Lo más impresionante son las seudo conversaciones que escucho, entre ellas mentiras varias tal como voy llegando u otras obviedades como estoy en el metro, (obvio está en el metro), voy en Irarrazaval (pero no dice la altura). Sin embargo hay otras veces que he escuchado conversaciones de amor, conversaciones de negocios. Me pregunto y dónde está la privacidad de estas personas.
Debo reconocer que pertenezco a la cultura del celular pero considero que aquel debe ser para lo justo y necesario.
Leí por ahí “Los buenos modales no son otra cosa que el arte de hacer sentir bien a la otra persona”. Sin embargo la educación mundana esta idea no la toma en cuenta: puesto que esto de hablar a gritos la mayoría de las veces (no siempre la cobertura es la ideal), hace que la distinción entre lo público y lo privado se pierda.
También está el tema de los ringtones, eso dice mucho de las personas… Tengo otro amigo que tiene como ringtone de su pareja una marcha militar. ¡Patético!, cómo será esa relación? O aquella que tiene las canciones de 31 minutos, o como yo misma que tengo el llamado de William Tell, cuando es de mi casa…
Esto del celular, me incomoda y me satisface a la vez, otras de las tantas dicotomías en las que vivo. Me ayuda a estar conectada, pero también me controla. ¡Y que lata estar siendo controlada!, eso de que te llamen hasta cuando estás en el baño, claro tu sabes quién te llama, pero después debes dar las excusas por que no contestaste. Sabes … no te contesté porque estaba cag… (na que ver) o no te contesté porque vi.que eras tú y no tenía la más pu… ganas de hablar contigo ( na que ver tampoco). En fin mentiras van y mentiras vienen.
No quiero decir que todo tiempo pasado fue mejor, puesto que ello me sitúa en un lugar retrógrado al cual no quiero adscribirme, sin embargo debo decir que a pesar de que pertenezco a la cultura del celular (me permite saber cuando me necesita mi hijo, por ejemplo). Lo siento como un panóptico, vigilada, controlada y eso me molesta. Puesto que si bien es cierto trato de hablar lo menos posible cuando estoy en lugares públicos o hablar lo estrictamente necesario. Sé que hay otras personas que no piensan lo mismo y que han hecho tan parte de su vida este artefacto que no tienen el menor empacho en gritar a los cuatro vientos o que una/o se entere de que debe plata, que va tarde, que no le gustó como iba vestida fulana/o de tal o un sinfín de cosas más que no me interesan.
La dicotomía entre lo público y lo privado se pierde con la cultura del celular. Aun cuando esto nos incomode seguimos haciéndonos partícipes de la vida de los demás. El problema es que yo no quiero hacer pública mi vida, pero como evitarlo ¿si tengo un celular?...
Algo tiene que ver el tema. Me encanta... Saluttis
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